Nació en Buenos Aires el 30 de junio de 1931 y falleció en la misma ciudad el 8 de octubre de 2016. Arquitecto egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1957. Tuvo como maestros de dibujo a Carlos de la Cárcova y Jorge Soto Acebal. El taller del escultor Juan Maffi fue el ámbito donde aprendió los arcanos del oficio y donde hoy mismo empuña las herramientas con las que crea sus criaturas. Ejerció la docencia en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Expuso individualmente en la Galería Arroyo en 2005. Concurrió al Salón de Otoño en 1984, Salón Nacional en 1985, Bolsa de Comercio de Buenos Aires en 1993, Galería Sara García Uriburu en 1997, Museo Municipal de Bellas Artes de Luján en 1998, Casa de la Fundación Odontológica Argentina en 1998, Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires en 1999 y en otras exposiciones colectivas. Obtuvo la Primera Mención en el Salón Esteban Adrogué en 1986 y Mención en el Salón de Morón en 1988. El Museo de Esculturas a Cielo Abierto de San Juan le solicitó en donación una escultura para su colección permanente en 1987. En sus obras, la figura es la casi absoluta protagonista. Resulta insoslayable destacar que el bronce ha captado casi exclusivamente su atención. Una soberbia talla directa en madera, de clara alusión religiosa, pone un toque diferente, un acorde disímil, en un concierto en el que la variación tonal se advierte en el empleo tan expresivo como contenido, de una amplia gama de pátinas. Concibe sus obras en arcilla o en cera, y será luego el complejo proceso del fundido, donde ocupa el celoso rol del inclaudicable supervisor, el que entrega el producto final. La inclinación por el bronce, recio y sutil a la vez, sólido y ligero a la hora de definir las formas y las oquedades propias de cada pieza lo vemos en El grito, tal vez la pieza de mayor tamaño de las que componen esta muestra. También se evidencia en obras de menor dimensión, sobre todo en las figuras femeninas donde una planimetría heredera del cubismo no alcanza a disimular la sensible sensualidad de su concepción original. La materia, así dominada, instrumento que se torna dócil para la expresión de un mensaje que supo tomar de los que lo precedieron en el ejercicio del arte, renovándolo a partir de su propia personalidad, Adrián Gualdoni Basualdo.